La ronda, las contrataciones, el producto, el cliente que ha escrito dos veces, la gestoría, la cosa que dentro de tres semanas será un problema. Lo capturas todo, porque capturar es la única parte que funciona: Siri en el coche, la pantalla bloqueada en la cena, un atajo desde el buzón.
Lo que recibes de vuelta es un muro de líneas ordenadas por fecha. No puede enseñarte que el hilo con el inversor lleva nueve días sin moverse, ni que la línea de contratación está bloqueada por un documento que solo puedes escribir tú, ni que el producto va bien y podría esperar. Cada mañana reconstruyes esa imagen de memoria, y cada mañana te cuesta la primera hora.